MARQUILLO

Anónimo, ¿hacia 1671?  Es difícil precisar la cronología de esta talla. El hecho de formar un armónico grupo procesional con el titular de la cofradía del Nazareno puede llevar a suponer que ambas se hicieran por el mismo tiempo y por unas mismas manos. Ciertas afinidades podrían fundamentar esta hipótesis, aunque por ahora se carece del necesario respaldo documental. En cualquier caso, pese a que se ha venido considerando que este conjunto escultórico podría datarse a finales del siglo XVI o principios del XVII, investigaciones recientes permiten presumir que, al menos, la escultura de Jesús debió de ejecutarse en una fecha no muy anterior al 24 de agosto de 1671. Es entonces cuando los cofrades deciden donar la imagen que hasta ese momento habían venerado al recogimiento de mujeres conocido como Beaterio de las Nazarenas. La correspondiente escritura notarial justifica la donación por la existencia de “dos hechuras del Santo Cristo de Jesús Nazareno” y la imposibilidad de conservar por falta de espacio la antigua en la capilla que la hermandad poseía en el compás del Convento de San Francisco. Por todo lo dicho, no sería descabellado situar la realización de “Marquillo” también hacia 1671. No obstante, mayor dificultad entraña proponer una autoría. En este sentido, sabemos que por aquel tiempo estaba asentado y plenamente activo en la ciudad un seguidor de José de Arce, Francisco de Gálvez, pero hay que advertir que es un artista cuya relación estilística con estas obras no resulta clara, por lo que deberán ser futuros estudios los que logren dilucidar esta cuestión.

La pieza aparece ya citada como “Marquillo, el Judío” en un inventario de bienes de la cofradía redactado en 1813. Ello nos habla de la imprecisión con que es representada la figura de este sayón, vestido como un pintoresco soldado romano con faldellín y coraza de inspiración clásica pero dotado de una exagerada nariz hebrea. A este aspecto ambiguo se une el anacronismo de las botas, el casco emplumado y el pronunciado mostacho que recorre el rostro. La composición general es teatral y dinámica, acorde con la fecha de su presumible datación. El acentuado movimiento hacia delante y la violencia con que tira de la cuerda atada al cuerpo de Cristo quedan subrayados por las diagonales que describen la inclinación del torso y la disposición retrasada del brazo y la pierna derecha. La cabeza se gira levemente hacia atrás en expresión de burla. Como suele ser habitual en este tipo de figuras procesionales barrocas, el rostro posee un carácter caricaturesco, que pretende reflejar la maldad del personaje. Por el contrario, llama la atención el modelado realista y esmerado de manos y brazos. Asimismo es destacable el acabado polícromo, si bien no parece mostrarnos por completo su apariencia original, en especial en el dorado de la coraza y el yelmo, rehechos quizás en la segunda mitad del siglo XVIII y que se decoran con incisiones que forman dibujos geométricos y estilizaciones vegetales. En cambio, más cercanos a la estética del XVII son las bandas con jugosos rameados pintados en el faldellín.

Se ha indicado que el autor de esta peculiar figura se basó para su composición en estampas flamencas y alemanas del siglo XVI, habiéndose citado ciertas representaciones del “Camino del Calvario” concebidas por Durero y Jerónimo Wierix. En cualquier caso, es probable que el modelo empleado pudiera tener su punto de partida en un grabado de este tema creado por Martin Schongauer hacia 1485. Por otra parte, la popularidad del Nazareno jerezano provocó que ya desde el siglo XVIII se hicieran pequeños conjuntos escultóricos destinados al culto privado que se inspiraron en él y donde no falta la distintiva figura de “Marquillo”, como vemos en los ejemplares conservados en los conventos de la Merced de Jerez y de las Descalzas de Sanlúcar de Barrameda. 

Se trata, en definitiva, de una obra de un considerable interés por sus cualidades propias pero, sobre todo, por el reducido número de tallas de sayones pertenecientes a misterios procesionales del periodo barroco que se han conservado en Andalucía, la mayoría desaparecidas en el siglo XX debido a agresivas modas cofradieras de origen sevillano.


Publicado en:  JIMÉNEZ LÓPEZ DE EGUILETA, Javier E. y POMAR RODIL, Pablo J. (coord.): Limes Fidei. 750 años de cristianismo en Jerez, Diócesis de Asidonia-Jerez, Jerez de la Fra., 2014, pp. 272-273, ISBN 978-84-697-1928-2.

Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno de Jerez de la Frontera.

FUENTES BIBLIOGRÁFICAS:

Antonio De la Rosa Mateos, “La iconografía del conjunto de Jesús Nazareno y Marquillo de Jerez plasmadas en diferentes representaciones artísticas (siglo XVIII-XIX)”, Noche de Jesús, n° 14 (2011), pp. 19-26.

Antonio De la Rosa Mateos,  La capilla de Jesús Nazareno en el convento de San Francisco, Jerez de la Fra., Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, 2013.

José Jácome González y Jesús Antón Portillo, “A vueltas con la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, de Jerez de la Frontera: su fundación y la adquisición de la imagen titular”, Jerez en Semana Santa, n° 11 (2007), pp. 491-502.

José Luis Repetto Betes (coord.), La Semana Santa de Jerez y sus cofradías. Historia y Arte, tomo I, Jerez de la Fra., Ayuntamiento de Jerez, 1995.